Las lesiones deportivas se pueden dividir en tres grandes categorías, atendiendo a cómo se han producido: por contacto, cuando colabora activamente otro deportista, antagonista o no del lesionado; por autoagresión, cuando es el propio lesionado el que se lesiona, y por sobrecarga, cuando la lesión es debida a la repetición cíclica de un gesto deportivo por encima de la capacidad resistiva de los tejidos solicitados.

Las dos primeras clases obedecen a un episodio en el que se dispensa alta energía y dan pie a lesiones agudas, en tanto que las últimas ocurren después de un cierto tiempo de práctica deportiva y suelen tener un fondo de cronicidad.

Hay deportes que favorecen la producción de lesiones de quienes los practican por la energía dispensada en el mismo, por su violencia, o por la frecuencia e inevitabilidad del contacto. Hay que citar, como ejemplos, el motociclismo, la equitación o el esquí, el boxeo y las diferentes modalidades de lucha; también el baloncesto, en los que grandes masas entran en contacto violento permanentemente. Además, puede haber también una cierta especificidad según sexo en la causalidad de accidentes en un determinado deporte.

Evidentemente, actuando antes de que puedan producirse y no transgrediendo los límites del atleta en cuestión. Para ello, lo primero es evaluar las facultades del deportista con objeto de adecuar convenientemente el nivel de demandas al que va a ser sometido. Debe ser obligatorio un examen médico completo en pretemporada, repitiéndolo, recomendablemente, a fin de pretemporada y a final de temporada, como valoración del entrenamiento, y aún más si se efectúan cambios o modificaciones en el mismo y tras una lesión, para asegurar la reintegración al deporte en perfectas condiciones.6-10 En segundo lugar, hay que atender a los imperativos que marcan las propiedades biomecánicas de los tejidos solicitados. El comportamiento de los mismos es viscoelástico y exige un calentamiento adecuado previo a la práctica deportiva, repitiendo una serie de ciclos del o los gestos que van a realizarse, con lo que se mejora el rendimiento de dichos tejidos.

Tras el calentamiento se ha recomendado siempre estirar los tejidos que van a ser puestos en juego, con lo que se optimiza la respuesta de éstos, se incrementa en 20% el rango de movilidad articular del segmento estirado y se disminuye el riesgo de lesión. Los estiramientos habrán de repetirse al finalizar la sesión deportiva realizada.

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